miércoles, 28 de septiembre de 2016

¡NOS TRASLADAMOS A NUESTRA NUEVA WEB!

A partir de hoy nos mudamos a nuestra nueva web estatal http://izar-revolucion.org/. Este blog seguirá abierto para que podáis acceder a contenidos antiguos, pero para seguir la actualidad de la organización debéis usar nuestra nueva dirección. Para informaros de las actividades y comunicados de nuestro colectivo pinchar este enlace: 


Para contactar con nosotrxs, ahora usaremos este correo: EL QUE CORRESPONDA A CADA COLECTIVO.

Nos vemos en las calles y en nuestra nueva web.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Programa Cine Forum IZAR (primer trimestre). Proyecciones en el Pub Entresuelo.


¡Vuelta al cole, vuelta a la lucha por una escuela pública

La comunidad educativa lleva años peleando por conseguir una escuela pública y de calidad y este verano 2016 no ha sido menos. A los recortes que se llevan padeciendo desde hace tiempo como la falta de profesorado, la no cobertura de las bajas, el aumento de las ratios de alumnado, etc…. este curso se une una nefasta política de implantación del segundo idioma (francés) en Educación Primaria que ha puesto en pie de guerra a casi todo el mundo. Por resumir, se podría decir que la introducción de este idioma ha dejado en la calle alrededor de 600 profesores y profesoras de Primaria que hasta ahora habían estado trabajando regularmente.

La Administración andaluza ha jugado la carta del divide y vencerás, enfrentando al profesorado de francés (legítimamente esperando trabajar) con el de Primaria (que ha perdido horas en detrimento del colectivo anterior). La solución, dada la situación del sistema educativo andaluz, es clara: un aumento de la plantilla que permitiese tanto dar ese segundo idioma en buenas condiciones como permitir un descenso de las ratios de alumnas y alumnos, lo que evidentemente ayudaría a que todo funcionase mejor en los centros educativos andaluces. Claro está, el gobierno del PSOE andaluz, que es uno de los que más recortan en educación en todo el Estado Español, no está dispuesto a llevar a cabo esta mejora en condiciones y se escuda en que el número de docentes no ha bajado y en el bajón demográfico. Pudiendo aprovechar esta situación para mejorar las condiciones de la comunidad educativa en general, prefiere empeorarla aún más.

La movilización ha sido constante desde mediados de Julio, momento en el que se hizo efectivo este nuevo ataque, y en ella han entrado nuevos profesores y profesoras que han visto la necesidad de organizarse para poder conseguir el objetivo de revertir este y otros recortes. Pero también a ella se han sumado hipócritamente actores con una intención claramente partidista y muy alejada de la defensa de la Escuela Pública. El PP ha metido su garras en esta movilización poniendo sus medios para apoyarla, cuando es uno de los responsables de esta situación. Los recortes en materia educativa son ejecutados muy obedientemente por la Junta de Andalucía pero orquestados desde el gobierno central. Así, la no cobertura de bajas antes de 10 días, el aumento de ratio en las clases, etc. son medidas propuestas desde el Ministerio de Educación y que el PSOE en Andalucía ha abrazado sin miramientos. Por este motivo es necesario estar muy alertas en esta cuestión y desenmascarar los intereses que hay detrás. La propia LOMCE (rechazada por la gran mayoría de la comunidad educativa) ha sido impuesta por el PP, partido que ahora está intentando meter sus tentáculos en este movimiento. La defensa cerrada de la escuela privada/concertada es otra de sus banderas en marteria educativa, y su expansión (con el beneplácito del PSOE-Andalucía) uno de los elementos que están dañando más a la educación pública.

Para defender el sistema educativo público y mejorarlo es necesario reconstruir el movimiento por la Escuela Pública desde abajo, desde las asambleas de centros, desde la organizaciones sindicales (de profesorado y estudiantiles) y de madres y padres que han apoyado este movimiento y, claro está, desde la Marea Verde que ha sido la aglutinadora en esta pelea desde el comienzo. Es necesario hacer un llamamiento a todas las personas y asociaciones que se están sumando para trabajar a una, para buscar unos objetivos comunes. Debemos pelear por un aumento real de plantilla, por un aumento de la inversión en educación, por una escuela igualadora de oportunidades para todas y todos, por una eliminicación de la escuela privada/concertada que permita crear un sistema educativo totalmente público, por una correcta implantación de otras materias que no enfrente a colectivos que tienen la legítima aspiración de ejercer su trabajo, por una escuela laica apartada de dogmas… y por supuesto, ligar todo esto a otros movimientos en defensa de los servicios públicos, porque sólo la unidad en las luchas nos permitirá vencer. El refuerzo de las movilizaciones que están teniendo lugar y el desenmascaramiento de los falsos apoyos que se están produciendo son tareas básicas para poder alcanzar el objetivo de conseguir una escuela pública, laica y de calidad.



Hoja quincenal de IZAR: De oca a oca y tiro porque me toca…

El pasado día 2 de septiembre fracasó un nuevo intento de investidura. Como ya ocurriera en la pasada primavera con Pedro Sánchez, lo tocaba esta vez a Rajoy no ser investido Presidente del gobierno. Frente a los que defienden por activa y por pasiva, con la ayuda de los medios de comunicación, la idea de que es un problema estar sin gobierno, es bueno recordar que al menos mientras tanto no se están aplicando medidas anti sociales que tanto está exigiendo la Comisión europea. En realidad nuestras vidas no cambian al no haber gobierno. Seguimos en la misma situación: paro, trabajo precario, desahucios, racismo, machismo… El problema por tanto no es tanto si es responsable o no no tener gobierno a estas alturas. El verdadero problema es qué política va a llevar a cabo el próximo gobierno y por qué a día de hoy no llegan a ningún acuerdo. Lamentablemente las divergencias que hacen que a día de hoy no se conforme un gobierno no tienen que ver con diferencias ideológicas de peso, sino más bien con cálculos electorales. A la vista están las elecciones vascas y gallegas...e incluso las posibles terceras elecciones. Todos entran a calcular que jugada les va a permitir estar en términos electorales en mejor posición.
Por un lado el PP, aunque diga lo contrario, no está en contra de unas nuevas elecciones. Sabe que éstas podrían permitirle aumentar su resultado del pasado 26J y acariciar incluso, por qué no, una mayoría absoluta. En cuanto al PSOE, está en una situación delicada ya que el apoyo al PP incluso en modo de abstención, y sobretodo antes de las elecciones vascas y gallegas, podría jugar un papel negativo en dichos comicios. Mientras que por otro lado, la oposición a la investidura de Rajoy sin una alternativa plausible está presionando mucho a Pedro Sánchez ya que aparece a día de hoy como el máximo responsable de que se convoquen nuevas elecciones. Sin embargo, según las encuestas, unas terceras elecciones podrían acabar dañando más a los partidos emergentes y reforzando al bipartidismo en el caso de que la abstención siga subiendo. Lo cual no es descabellado a día de hoy. En ese escenario se mueven C's y Unidos Podemos. Albert Rivera y C's sabe que unas nuevas elecciones podrían significar una nueva pérdida de diputados. Por mucho que intenten aparecer como el partido “responsable” que trata de conseguir acuerdos entre el PP y el PSOE, están apareciendo como un partido “veleta” que llega a acuerdos con las dos caras del bipartidismo en función del momento. En cuanto a Unidos Podemos les pasa algo similar. Temen unas terceras elecciones y seguir la tendencia de los más de un millón de votos perdidos el pasado 26J. Unas terceras elecciones que provocaría poner a relucir los distintos balances que hicieron los diferentes sectores de Podemos de esta pérdida de votos. Saldrían a la palestra temas como el cuestionamiento del liderazgo de Pablo Iglesias, la alianza con Izquierda Unida o la extrema identificación con posiciones “socialdemócratas” de la anterior campaña. Les toca a ellos ahora, por tanto, como ya ha afirmado Pablo Iglesias, formar un gobierno alternativo liderado por el PSOE con el apoyo de los nacionalistas. Ahí es donde tiene Pedro Sánchez el otro problema. Ya que el apoyo de los nacionalistas vascos y sobretodo catalanes a un gobierno encabezado por él tendría también un desgaste importante y sería un gobierno muy débil. Voces internas del PSOE ya se han hecho oír más de una vez en ese sentido.
Todo esto pone a las claras que los pactos y los cálculos electorales de esos partidos no van a aportar soluciones a nuestros problemas diarios como trabajadorxs y como jóvenes. No estamos en la misma onda. Después de dos elecciones generales y otras cuantas (autonómicas, europeas y municipales) podemos decir que cuando este ciclo electoral se cierre seguiremos padeciendo las políticas de austeridad que sólo benefician a los capitalistas. Incluso podremos hacer balance de cómo nuestras vidas no han cambiado en aquellos municipios donde supuestamente gobernaba el cambio. Los miles de trabajadorxs y jóvenes que pensaban votando dar soluciones a sus legítimas aspiraciones están incluso dándose un baño de realidad. De ahí el aumento de la abstención el pasado 26J pero sobretodo la pérdida de votos de las candidaturas del cambio en localidades dónde están gobernando como Cádiz, Barcelona, Madrid o A Coruña. Se está empezando a generar una cierta desilusión. El problema es que esta desilusión no se reconduce automáticamente hacia la movilización y hacia la ruptura con el reformismo en claves anticapitalistas. Generalmente es más bien lo contrario. Sin movilizaciones y con pequeñas muestras de la política que lleva a cabo el nuevo reformismo ya sea gobernando en municipios o intentando gobernar con el PSOE a nivel estatal, la gente trabajadora y la juventud que se ha movilizado durante el ciclo de lucha abierto en 2008 suele regresar a casa sin ninguna perspectiva más allá que la extrema derecha o los partidos de siempre. La única forma de revertir esa situación es mediante la movilización de nuestro bando social. El caso francés muestra como en pocos meses la movilización y el enfrentamiento con aquellos que nos gobiernan genera un cambio en la conciencia tan importante como es pasar del miedo y la resignación del estado de emergencia y del Frente Nacional al convencimiento que la movilización y la huelga general puede permitir cambiar sus vidas. En definitiva, esa debe ser la tarea de los y las anticapitalistas hoy. Conseguir pasar de ese debate incesante al rededor de lo electoral y volver a poner de actualidad el cambio mediante la movilización y la autoorganización de los de abajo. Sólo de esta forma se puede acabar señalando a los verdaderos culpables de la crisis y se pueden imponer medidas que vayan en el sentido de nuestra clase social. Esta rentrée hay que volver a las calles y esforzarnos por mostrar otro camino alternativo al del juego institucional.


domingo, 18 de septiembre de 2016

COMUNICADO DE OKDE-SPARTAKOS. AL FASCISMO LO APLASTAN LAS LUCHAS DE CLASE

Tres años ha pasado del asesinato del músico antifascista Pablos Fyssas a manos del miembro de Amanecer Dorado Giorgos Roupakiás en Keratsini, la noche del 18 de septiembre de 2013. Sin embargo antes de llegar al asesinato, ya le habían precedido – siempre con la espalda cubierta por el estado – el ataque contra los sindicalistas del PAME (sindicato del KKE) en Pérama, el asesinato de Sachzat Loukman, el ataque a pescadores egipcios y otros centenares de ataques de batallones a inmigrantes, activistas y homosexuales.

Han pasado ya tres años, y debido a la ejemplar obstrucción del poder judicial, el juicio a los neonazis de Amanecer Dorado todavía no se ha completado. Los mismos asesinos andan libres y la justicia, habiendo agotado toda su severidad en la persecución de anarquistas y otros militantes, fue y es escandalosamente indulgente con ellos. Amanecer Dorado trata de dar una imagen de partido político legal que es perseguido por sus ideas.
La continuación del juicio, su transferencia al Tribunal de apelación de Atenas y la acusación de cargos relacionados con una organización criminal puede ser un primer paso para una reivindicación temporal de los familiares y amigos de las víctimas. Sin duda es una importante conquista del movimiento antifascista que continúa luchando sin tregua desde hace tiempo para aplastar el fascismo.
Nos encontramos en un periodo de rápida agudización de la crisis, con el gobierno Syriza-ANEL aplicando una dura política de austeridad, dificultando aún más la vida de las y los trabajador@s y desemplead@s. A nivel internacional, este mismo periodo se pinta con el color negro de la guerra en Oriente Medio, de la guerra civil y las intervenciones imperialistas en la región de Siria, con el desarraigo de miles de refugiad@s de sus hogares y la reactivación de la amenaza fascista que rechina los cimientos de las democracias burguesas en toda Europa.
La extrema derecha no duda en construir su propaganda en base al racismo, la homofobia y la islamofobia. Ciertamente el hilo se desarrolla desde las propias “democracias”, con los ejemplos básicos que declaran el “estado de emergencia” en Francia y Bélgica, la prohibición del burkini en las playas francesas como indicación del extremismo, la propaganda de los medios de comunicación de Alemania de las violaciones por refugiad@s, la privación de derechos básicos de las y los refugiad@s en los países de “acogida”, etc.
Frente al veneno del racismo que se vierte sin frenos, se encuentra el movimiento antifascista y antirracista que apoya las demandas de refugiad@s e inmigrantes contra el vergonzoso acuerdo de la UE con Turquía, un movimiento de solidaridad que se refuerza a diario y a través de estructuras autoorganizadas (ocupaciones de viviendas, iniciativas colectivas municipales, etc). Por mucho que gire el gobierno contra este movimiento con represión, desmantelando las ocupaciones de vivienda y prohibiciones de salida de voluntarios de los campos de concentración, no va a lograr nada pues esta lucha es más consciente que nunca.
Solo a través de la solidaridad internacionalista la clase trabajadora puede desplegar su enorme fuerza. La lucha común de las y los oprimid@s es la que aplastará tanto la amenaza fascista como a la burguesía con el conjunto de sus instrumentos, cuestionando su poder. La unidad nacional que firmó y defiende Syriza con todas las fuerzas políticas es una estafa, sobre la cual se construye odio y alienta el espacio a la amenaza fascista. A ésta respondemos con más lucha antifascista contra el fascismo, la guerra y cualquier forma de opresión.
OKDE-Spartakos, sección griega de la IVª Internacional, miembro de Antarsya

lunes, 29 de agosto de 2016

Francia: la huelga general de mayo-junio de 1936. ¿Qué enseñanzas hoy?

En un momento en el que gobernantes y patrones intentan reventar el estatuto de los trabajadores y de ese modo poner en tela de juicio algunas de las leyes favorables a los y las asalariadas. Cabe recordar que éstas no han caído del cielo ni de la buena voluntad de los patrones ni de pequeñas negociaciones alrededor de una mesa, sino de las fuertes y duraderas luchas de los y las trabajadoras. Éstas han desembocado en mayo-junio de 1936 en una huelga general, que ha permitido a los trabajadores ganar por ejemplo los derechos laborales que hoy pretenden destruir tanto la patronal como el gobierno.
En el régimen capitalista, cualquier victoria de los asalariados es provisional, fruto de una correlación de fuerzas concreta en un momento dado entre trabajadores y patronal y continuamente puesta en tela de juicio. Es una eterna repetición, que seguirá así hasta que una lucha prolongada y determinada haga estallar toda la organización social existente.
Esta cuestión estaba en el centro del gran movimiento social de mayo-junio de 1936. ¿Huelgas? No, “la huelga”, decía Trotsky desde su exilio en Noruega en 1936. ¿Cómo esta oleada de huelgas se inició, cuál es la articulación entre el gobierno del Frente Popular y las masas en movimiento, y cuáles son las conquistas de dicho movimiento?
La crisis y las primeras manifestaciones.
Al principio de los años 1930, el país era aún en gran parte campesino. El desarrollo industrial de las primeras décadas del siglo XX habían conllevado nuevas concentraciones de asalariados en los sectores como los de la metalurgia o los del sector químico. Desde 1931, con dos años de retraso con respecto al estallido de la crisis de 1929 en los EEUU, Francia padecía una grave crisis económica, con un alto paro y mucha miseria. Esta crisis golpeaba evidentemente a la clase obrera, pero también a las clases medias, a los campesinos, que perdían confianza en sus dirigentes habituales, en concreto al Partido radical, desgastado a causa de los múltiples escándalos de corrupción como el escándalo Stavisky que salpicó a varios ministros.
El contexto internacional de la época era duro: Italia y Alemania se habían girado hacia el fascismo. En Francia, asistíamos al mismo tiempo a un aumento en potencia de las ligas fascistas, Cruz de fuego y Acción Francesa. El punto de partida de la gran oleada de huelgas fue precisamente una reacción a los acontecimientos del 6 de febrero de 1934, cuando un cortejo de las ligas fascistas se dirigió hacia la Asamblea nacional con vista a derribar al gobierno. Los enfrentamientos con la policía causaron 14 muertos y centenares de heridos. Los disturbios fracasaron, por una parte a causa de la división de las ligas, pero también porque no contaban, al igual que en Italia y en Alemania, con el apoyo total de la gran burguesía. En 1934, la burguesía conseguía mantener sus beneficios y el movimiento obrero no representaba para ella un peligro inminente. Sin embargo sí subvencionaba las ligas como contrapeso político de los partidos y sindicatos obreros.
Esos disturbios de extrema derecha provocaron una espectacular reacción obrera. El 9 de febrero, el Partido comunista organizó una manifestación en la que hubo 6 muertos. Y el 12 de de febrero, una huelga general fue organizada por la CGT, a la que se sumó la CGTU. Fue un gran éxito: hubo por ejemplo 30 000 huelguistas de entre los 31 000 carteros. Los periódicos no salían a la venta, pocos transportes circulaban. Por la tarde del 12 de febrero, los dos cortejos sindicales de la CGT y de la CGTU se unieron al grito de “¡Unidad, unidad!”.
El 14 de julio de 1935, en París, una inmensa manifestación congregó a 500 000 personas, lo que era para aquella época gigantesco. En toda Francia, importantes manifestaciones tuvieron lugar. Los organizadores estaban reagrupados en el Comité internacional contra la guerra y el fascismo, que cambió entonces de nombre por el de “Comité nacional de reagrupamiento popular” y redactó un programa electoral, el cual acabaría siendo el del Frente Popular.
El movimiento obrero.
Antes de 1936, el movimiento obrero francés estaba dividido: Partido comunista (estalinista) y SFIO (socialista) estaban en competencia y eran enemigos, el PC seguía la línea de la Internacional Comunista y rechazaba toda Alianza con dirigentes socialistas que calificaban de “social fascistas”; en Alemania, dicha político demostró ser catastrófica frente al ascenso del fascismo. En el movimiento sindical existían las mismas divisiones entre la CGT (socialista) y la CGTU, ligada al PC. Pero frente al rearme alemán, Stalin necesitaba aliados entre los gobiernos occidentales, lo cual explicaría la nueva estrategia adoptada por los diferentes partidos comunistas de acercarse a su propia burguesía. La línea del PC francés se convirtió entonces en la del “frente popular” y en la de la defensa de la nación. Desde julio de 1934, un pacto de unión fue firmado entre la SFIO y el PC. En 1935, Stalin y el presidente del Consejo Pierre Laval acordaron un pacto de cooperación; desde su firma, la Marsellesa enocntró su lugar al lado de la Internacional, y Maurice Thorez, dirigente del PC, empezó entonces a hablar de “pueblo” en lugar de trabajadores.
Las elecciones y la formación del gobierno de Léon Blum.
Desde octubre de 1934, el PC ganaba votos en todas las elecciones cantonales y municipales: asistíamos a un verdadero giro a la izquierda. Es entonces cuando el PC tendió la mano al Partido radical, que estaba en pleno retroceso, para elaborar una alianza electoral entre la SFIO, el PC y los radicales. El PC deseaba un programa muy moderado, para no asustar a las clases medias y por ello rechazó del programa la nacionalización de los bancos y de las industrias.
El Frente popular gana las elecciones del 26 de abril y del 3 de mayo de 1936. No fue por goleada. Sin embargo si fue espectacular la recomposición a la izquierda: el PCF pasó de 800 000 a 1,5 millones de votos, pasando por delante del Partido radical, logrando 72 diputados en lugar de los 11 que tenía desde 1932. La SFIO se quedó más o menos igual, y el gran derrotado fue el Partido radical. En el seno de la coalición del Frente popular, le tocó a la SFIO formar gobierno. El PC le apoyó sin reservas pero rechazó participar en el mismo, para no “favorecer una campaña de pánico de los enemigos del pueblo”, y el dirigente Jacques Duclos declaró a la prensa que el “PC respetaría la propiedad privada”. Trotsky se mofó de los estalinistas franceses: “somos revolucionarios demasiado terribles, según Cachin y Thorez, nuestros amigos radicales pueden morir de miedo, es mejor que nos mantengamos al margen”.
Las huelgas.
Es entonces cuando la clase obrera entró en escena y se puso en huelga, sin esperar la formación del gobierno de izquierdas que tenía previsto constituirse en un mes. ¿Cuáles eran las características de esas huelgas? No venían de ningún llamamiento centralizado, éstas se desarrollaban, conseguían rápidamente lo que exigían, y seguían después. Se trataba en el conjunto del país de una verdadera oleada, de seguida marcada por las ocupaciones de las fábricas.
Entre abril y mayo de 1936, el número de huelgas duplicó, sobretodo en sectores donde los sindicatos y partidos obreros estaban muy poco implantados. Las primeras huelgas del movimiento de mayo-junio de 1936 tuvieron lugar el 11 de mayo en El Havre y en Toulouse, para reclamar la reintegración de trabajadores que no habían ido a trabajar el 1º de mayo y habían sido despidos por ello. Esas huelgas consiguieron su objetivo inmediatamente, después de una noche de ocupación. El 14 de mayo, le tocó a la fábrica Bloch en Courbevoie (París), que exigía un aumento de los salarios. Los obreros pasaron allí toda la noche, abastecidos por el municipio del Frente Popular; ahí fue una victoria rápida. Hasta ese momento, la prensa no había hablado de esas huelgas: los primeros comentarios de L'Humanité (diario del PCF) sobre la huelga de El Havre solo aparecieron el 20 de mayo, y como lo recuerda Daniel Guérin en su libro Frente popular, revolución fallida, hubo que esperar hasta el 24 de mayo para que el órgano central del PC juntara los tres conflictos y llamara la atención de los militantes obreros en cuanto a los éxitos conseguidos y sobre los métodos de lucha que habían permitido dichas victorias.
El 24 de mayo, una manifestación tuvo lugar para conmemorar la Comuna de París. Más de 600 000 personas se concentraron frente al Muro de los ferderados, donde Léon Blum y Maurice Thorez estuvieron juntos. Lo nunca visto.
Huelgas estallaron después en la metalurgia parisina con las siguientes reivindicaciones: garantía de un salario mínimo diario, el reconocimiento de delegados designados unicamente por los asalariados, la supresión de las horas extras y la semana de 40 horas.
El 28 de mayo fue una jornada decisiva, con el inicio de la huelga de 35 000 obreros de las fábricas de Renault, así como de numerosos establecimientos de los alrededores. Se constituyeron comités de huelga para asegurar la seguridad y el abastecimiento, y la prensa subrayo el perfecto orden que reinaba en dichas fábricas.
Lejos de empujar, los lideres del PCF y de los sindicatos intentaron por todos los medios de relajar el ambiente. Ambroise Croizat, secretaria general de la CGT Matalurgia y miembro de la dirección del PC, declaró: “el movimiento de huelga de la metalurgia puede muy rápidamente calmarse, si, desde la patronal, se está dispuesto a darle curso a las legítimas y razonablea reivindicaciones obreras”.
El uso de las fuerzas de represión para desalojar las fábricas fue contemplado, pero los patrones pensaron que se podía acabar derramando sangre y que esto podía conllevar impedirles retomar la dirección de sus fábricas.
Al final del mes de mayo, el movimiento pareció tranquilizarse con el final de la ocupación de Renault, después de unas negociaciones sobre el establecimiento de contratos colectivos, el aumento de los salarios, la supresión de las horas extras y el abandono de las sanciones por hacer huelga. Después de Renault, numerosas empresas fueron desalojadas.
Pero el 2 de junio, las huelgas retomaron de repente, sobretodo en el sector químico, el del textil, el de la alimentación, el de los transportes y el petroleo, pero también en las fábricas metalúrgicas, por segunda vez en huelga. A pesar de los repetidos llamamientos a la vuelta al trabajo por parte de los sindicatos y partidos, la huelga siguió extendiéndose el 4 de junio con la entrada en escena, en toda Francia, de los camioneros, de los trabajadores de la hostelería-restauración y de los obreros del Libro.
El 4 de junio, un mes después de las elecciones, Blum llegó al fin al gobierno. Con la esperanza que eso iba a bastar para calmar las luchas obreras, su discurso del 5 de junio se centró en el hecho de que las leyes sociales prometidas iban a ser rapidamente votadas. Pero lo que se produjo fue lo contrario: la mayoría de las fábricas que habían retomado el trabajo los primeros días de junio volvieron a ponerse en huelga. El 5, fue el turno de los grandes almacenes y de los servicios públicos. Los dirigentes sindicales, superados por el movimiento, intentaron entonces dirigirlo haciendo un llamamiento a la huelga general.
Los acuerdos de Matignon y la profundización de la huelga.
Los 7 y 8 de junio, la patronal tomó contacto con Blum para charlar del aumento general de los salarios a cambio del desalojo de las fábricas. La patronal sabía que para salvar lo esencial – la propiedad de sus fábricas -, necesitaban aceptar ceder sobre las cuestiones secundarias, es decir sobre todo lo que no ponía en peligro la cuestión del régimen de la propiedad privada.
Los acuerdos de Matignon fueron de alguna forma la transcripción de una cierta correlación de fuerzas entre las clases sociales. La patronal aceptó el establecimiento inmediato de los contratos colectivos de trabajo, la libertad sindical y la elección de delegados, así como el reajuste de los salarios del 7 al 15%. El objetivo era poner un freno a las luchas obreras. A la mañana siguiente, los principales periódicos obreros celebraron la “victoria”: en la portada del “Popular”, el periódico de la SFIO, podíamos leer “¿Una victoria? Mejor: un triunfo”; en cuanto a “L'Humanité”, la portada decía: “¡La victoria se ha conseguido!”. En cuanto a los dirigentes sindicales intentaron hacer que se retomase el trabajo en todos los lugares en los cuales los patrones habían aceptado empezar con las negociaciones.
Pero los trabajadores no estaban conformes: del 7 al 12 de junio, las huelgas se extendieron con tal rapidez que Trotsky escribía, el 9 de junio: “La revolución francesa ha empezado”. En el mismo momento, el periódico conservador L'Echo de París titulaba su portada: “París tiene el sentimiento muy claro que una revolución ha empezado”.
Reunidos en París, 587 delegados representantes de 243 fábricas metalúrgicas de la región parisina rechazaron aplicar el acuerdo de Matignon presentado por el sindicato. Aprobaron la siguiente resolución: “Teniendo en cuenta las condiciones particulares de la región parisina, de los salarios bajos en numerosas fábricas, (los delegados) no pueden aceptar la aplicación de dicho acuerdo sin un previo reajuste serio de los salarios”. Acordaron un plazo de 48 horas a los patrones, reclamando la nacionalización de las fábricas que trabajaban para la guerra y para el Estado en el caso en el que ese plazo no fuese respetado.
El 8 de junio, la huelga era total en los grandes almacenes y en las sociedades de seguros. El 11 de junio, 2 millones de huelguistas fueron contabilizados
Voto de las leyes sociales.
El gobierno hizo votar con rapidez las leyes sociales: 40 horas, vacaciones pagadas, contratos colectivos. Los dirigentes del PCF y sindicales defendieron con ahínco la vuelta al trabajo. Frente al carácter revolucionario del movimiento, Thorez decralaría: “Hay que saber terminar una huelga, en cuanto se han satisfecho las demandas”, añadiendo: “No se trata en este momento de tomar el poder”. Desde los 12 y 13 de junio, fue el apaciguamiento. El 12 de junio, los primeros convenios colectivos fueron firmados.
Las lecciones del movimiento.
Nos quedamos muy a menudo con las conquistas sociales logradas en este periodo, como las 40 horas, las vacaciones pagadas, los convenios colectivos, los delegados de personal o los fuertes aumentos de los salarios. Son avances importantes que han cambiado mucho la vida en las fábricas, poniendo freno a los todopoderosos patrones, y que fueron posibles gracias a la impactante movilización de los trabajadores. Hay que subrayar, por cierto, que todas esas conquistas no estaban en el programa del Frente popular, y que este gobierno de izquierdas sólo sirvió de intermediario para volver al trabajo.
Hay que quedarse también con la extraordinaria profundidad del movimiento, que ha recorrido al conjunto de la clase obrera: categorías como los camareros o las dependientas de los grandes almacenes estaban en huelga por su dignidad. Es impresionante constatar que en tal o cual momento, todas las fábricas quisieron hacer la experiencia de la huelga y de esa nueva dignidad, incluso cuando se había accedido a esas reivindicaciones. Nos quedamos finalmente con la dimensión festiva y feliz de las ocupaciones, cuando los obreros, sus familias y los vecinos descubrieron que podían sentirse como en casa en su lugar de trabajo.
Pero de lo que menos se suele hablar, es de que se perdió una ocasión de cambiar totalmente la sociedad. Los patrones habían entendido el peligro, cediendo rápidamente sobre un montón de reivindicaciones para conservar lo esencial. Al igual que los obreros, que habían creado por todos sitios comités de huelga rechazando obedecer sin rechistar las consignas sindicales. Pero los partidos dirigentes, y en concreto el PC que seguía la política de Stalin, había elegido no remover las aguas en las democracias burguesas, y hacer todo lo posible para que el movimiento permaneciera en los límites permitidos: eso es lo que acabó pasando. De ahí la necesidad, para los trabajadores y las trabajadoras de hoy, de preparar un mayo-junio que vaya hasta el final.